Tres poemas que no te podés perder este mes

Una selección breve y poderosa para sumar emoción, calma y un toque de magia a tus lecturas de noviembre.

Autor: Jorge Luis Borges

Poema: “Ajedrez

II

 

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada

reina, torre directa y peón ladino

sobre lo negro y blanco del camino

buscan y libran su batalla armada.

 

No saben que la mano señalada

del jugador gobierna su destino,

no saben que un rigor adamantino

sujeta su albedrío y su jornada.

 

También el jugador es prisionero

(la sentencia es de Omar) de otro tablero

de negras noches y de blancos días.

 

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonía?

Autor: Julio Cortázar

Poema: “Restitución”

Si de tu boca no sé más que la voz

y de tus senos sólo el verde o el naranja de las blusas,

cómo jactarme de tener de ti

más que la gracia de una sombra que pasa sobre el agua.

En la memoria llevo gestos, el mohín

que tan feliz me hacía, y ese modo

de quedarte en ti misma, con el curvo

reposo de una imagen de marfil.

No es gran cosa ese todo que me queda.

Además opiniones, cóleras, teorías,

nombres de hermanos y de hermanas,

la dirección postal y telefónica,

cinco fotografías, un perfume de pelo,

una presión de manos pequeñitas donde nadie diría

que se me esconde el mundo.

Todo lo llevo sin esfuerzo, perdiéndolo de a poco.

No inventaré la inútil mentira de la perpetuidad,

mejor cruzar los puentes con las manos

llenas de ti

tirando a pedacitos mi recuerdo,

dándolos a las palomas, a los fieles

gorriones, que te coman

entre cantos y bullas y aleteos.

Autor: Mercedes Halfon

Poema: “Ni vi llover en tu casa del árbol”

no subimos los peldaños de madera

para apreciar ese pasto tan verde

que su nombre es provenir

es que el pasto tiene un nombre

y una voz, como todo lo que nos rodea

¿si comiera la comida que vos preparás sanaría?

Los rayos ciegan los ojos de los iluminados

resplandecen los árboles en el pensamiento

mi casa se ha desmoronado, se ha perdido

yo misma como un lobo soplé hasta derribarla

y ahora vago mirando este pasto

y los árboles

buscando un lugar que una vez pensé

pero nunca fue mío.

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