22 Oct La tierra que nos sostiene
Hay poemas que son casa y hay poemas que son bandera. En este posteo juntamos tres maneras de pertenecer: el refugio soñado junto al río, el canto orgulloso a la ciudad natal y la arenga que nos pide no rendirnos nunca. Tres voces fundacionales de nuestra poesía que, más de un siglo después, siguen dándonos ánimo para seguir adelante.
Autor: Josefina Pelliza de Sagasta
Poema: “Mis deseos”
A mi esposo
Yo conozco un albergue allá en la loma,
Que desciende al nivel del Uruguay,
Donde las plantas de silvestre aroma,
Se enlazan con las ramas del Yatay.
Pláceme allí vivir; el alma mia
Necesita espansion y soledad:
¡Ay! lejos ya del mundo y su alegria,
Mil veces mas dichoso asi seria
Mi amante corazon!
Que allí… á la puerta de mi pobre choza
Bajo la sombra de la verde palma,
Rodeada de mis hijas, cariñosa,
Cual del labriego la feliz esposa
Te esperaria yo!
Que allí… bajo silvestre enredadera
Formando fresca bóveda de flores,
Veriamos la pálida viajera
Como un globo de nacar á la esfera
Bañar de ténue luz!
Y otras veces surcando en la barquilla
El azulado cauce del arroyo,
Reclinada tu sien en mi rodilla,
Tu sien besára, donde el genio brilla,
Y así fuera feliz.
Y allá en la noche… cuando todo espira
Cuando las olas y la selva calla,
Yo pulsaria mi amorosa lira,
Y en esa soledad que el alma inspira,
Sonára mi cantar.
1872.
Autor: Carlos Guido y Spano
Poema: “Trova”
He nacido en Buenos Aires
¡qué me importan los desaires
con que me trate la suerte!
Argentino hasta la muerte
he nacido en Buenos Aires.
Tierra no hay como la mía;
¡ni Dios otra inventaría
que más bella y noble fuera!
¡Viva el sol de mi bandera!
Tierra no hay como la mía.
Hasta el aire aquí es sabroso;
nace el hombre alegre, brioso,
y las mujeres son lindas
como en el árbol las guindas;
hasta el aire aquí es sabroso.
¡Oh, Buenos Aires, mi cuna!
¡De mi noche amparo y luna!
aunque en placeres desbordes,
oye estos dulces acordes
¡oh, Buenos Aires, mi cuna!
Fanal de amor encendido,
borda el cielo tu vestido
de rosas y rayos de oro:
eres del mundo tesoro,
fanal de amor encendido.
¿Quién al verte no te admira
y al dejarte no suspira
por retornar a tus playas?
Deidad de las fiestas mayas,
¿quién al verte no te admira?
De tus glorias que otros canten,
y a las nubes te levanten
entre palmas y trofeos.
Yo no asisto a esos torneos:
de tus glorias que otros canten.
Tu esplendor diré tan sólo,
si no del ya viejo Apolo
con la lira acorde y fina,
en mi guitarra argentina
tu esplendor diré tan sólo.
Voluptuosa te perfumas
de junquillos y arirumas;
cuando te adornas y encintas,
en las áureas de tus quintas
voluptuosa te perfumas.
Goza del Plata al arrullo
llena de garbo y orgullo,
criolla sin par, blasonante
de tu destino brillante,
goza del Plata al arrullo.
Triunfa, baila, canta, ríe;
la fortuna te sonríe
eres libre, eres hermosa;
entre sueños, color rosa,
triunfa, baila, canta, ríe;
¡Cuántos medran a tu sombra!
Tu campiña es verde alfombra,
tus astros vivos topacios;
habitando tus palacios
¡cuántos medran a tu sombra!
Bajo de un humilde techo
vivo, en tanto, satisfecho
bendiciendo tu hermosura,
que bien cabe la ventura
bajo de un humilde techo.
La riqueza no es la dicha;
si perdí la última ficha
al azar de la existencia,
saqué en limpio esta sentencia:
la riqueza no es la dicha.
He nacido en Buenos Aires
¡qué me importan los desaires
con que me trate la suerte!
Argentino hasta la muerte
he nacido en Buenos Aires.
Autor: Almafuerte (Pedro B. Palacios)
Poema: “¡Piu avanti!”
No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…
¡Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!