Casas escribe como quien conversa, con una voz cercana que invita a reconocerse: en el desgaste diario, en las pérdidas pequeñas, en los gestos de afecto, en la belleza inadvertida de lo mínimo. Su poesía no busca adornarse, sino decir, conectar, acompañar.
Poema: «Odio a los jardines»
Odio a los jardines.
Nunca me gustaron.
Cuando era chico
todos los niños iban al jardín.
Yo no.
Yo me quedaba en casa
con mi abuela
mirando por la ventana
cómo pasaban los días
como pasan ahora:
lentos, densos,
con una tristeza doméstica
que se acomoda en los muebles
y no se va nunca.
Poema: «Autoayuda»
Cada tanto hay que hacerse un cariño, como se hace con los perros.
Sentarse tranquilo, comprarse algo rico, mirar una película que uno ya vio pero que igual le gusta.
Y pensar: estoy acá, sobreviví, no todo fue en vano.
Aunque nadie lo diga, aunque no haya aplausos, hay que hace
Poema: «Las cosas que perdimos»
Perdimos bufandas, paraguas, papeles con números importantes, amores que parecían para siempre, llaves, libros prestados que nunca volvieron,
y también perdimos tiempo.
Pero seguimos. Con lo que queda. Con lo que sabemos.
A veces pienso que crecer es eso: aprender a seguir con lo que queda.