Poemas para sanar y reconectar

Una selección de versos que invitan a la pausa, la introspección y el cuidado interior. Poesía para respirar más hondo, ordenar emociones y volver a encontrarse con lo que hace bien.

Autor: Baldomero Fernández Moreno

Poema: “Setenta balcones y ninguna flor

Setenta balcones hay en esta casa,

setenta balcones y ninguna flor.

¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?

¿Odian el perfume, odian el color?

 

La piedra desnuda de tristeza

¡dan una tristeza los negros balcones!

¿No hay en esta casa una niña novia?

¿No hay algún poeta lleno de ilusiones?

 

¿Ninguno desea ver tras los cristales

una diminuta copia de jardín?

¿En la piedra blanca trepar los rosales,

en los hierros negros abrirse un jazmín?

 

Si no aman las plantas no amarán el ave,

no sabrán de música, de rimas, de amor.

Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave…

 

¡Setenta balcones y ninguna flor!

Autor: Juan Gelman

Poema: “Certezas

A ver cómo es.

Estaba quieta la inquietud por una vez.

La desazón en sazón y

¡cómo se parecía el mundo a Gerarda

envuelta en sensaciones de encaje!

Las palabras chocan contra la tarde

/y no la descomponen.

 

La furia no me deja solo conmigo.

Habrá que recortar la sombra militar.

¡Camaradas especialistas en esperar cansancios:

apaguen el amor dudoso

que baja humilde y despacito!

 

Hasta el revés del cosmos morirá!

Autor: Alejandro Roemmers

Poema: “Dios te salve, poesía”

Dios te salve, poesía,

llena eres de gracia,

de alamedas, caracoles y alboradas.

El Amor está contigo,

y su Verdad, más profunda que el silencio,

y su Misterio, más grande que la vida.

Humilde tú eres entre todas las artes

y bendita es la Palabra de tu vientre.

Salva, poesía, y redime a quien te invoca.

Ven a nosotros, errantes soñadores,

ahora, en la pasión del canto ardiente,

y en la noche de nuestros versos más tristes,

para conducirnos al umbral del Día.

Autor: Julio Cortázar

Poema: “Restitución”

Si de tu boca no sé más que la voz

 

y de tus senos sólo el verde o el naranja de las blusas,

 

cómo jactarme de tener de ti

 

más que la gracia de una sombra que pasa sobre el agua.

 

En la memoria llevo gestos, el mohín

 

que tan feliz me hacía, y ese modo

 

de quedarte en ti misma, con el curvo

 

reposo de una imagen de marfil.

 

No es gran cosa ese todo que me queda.

 

Además opiniones, cóleras, teorías,

 

nombres de hermanos y de hermanas,

 

la dirección postal y telefónica,

 

cinco fotografías, un perfume de pelo,

 

una presión de manos pequeñitas donde nadie diría

 

que se me esconde el mundo.

 

Todo lo llevo sin esfuerzo, perdiéndolo de a poco.

 

No inventaré la inútil mentira de la perpetuidad,

 

mejor cruzar los puentes con las manos

 

llenas de ti

 

tirando a pedacitos mi recuerdo,

 

dándolos a las palomas, a los fieles

 

gorriones, que te coman

 

entre cantos y bullas y aleteos.

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