Tradición y presente de la poesía argentina

La poesía argentina es un territorio donde dialogan distintas épocas, estilos y sensibilidades. Desde las voces que forjaron una tradición literaria reconocible hasta las nuevas generaciones que experimentan con lenguajes y miradas contemporáneas, cada poema forma parte de una historia en constante transformación. Los movimientos poéticos del país suelen pensarse justamente como una acumulación de voces y experiencias que van construyendo, con el tiempo, una identidad literaria compartida.

Autor: Juan L. Ortíz

Poema: “Fui al río

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.
Regresaba
—¿Era yo el que regresaba?—
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes. 20
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

Autor: Jorge Luis Bórges

Poema: “La lluvia

Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

Autor: Alfonsina Storini

Poema: “Paisaje de amor muerto”

Ya te hundes, sol; mis aguas se coloran
de llamaradas por morir; ya cae
mi corazón desenhebrado, y trae,
la noche, filos que en el viento lloran.

Ya en opacas orillas se avizoran
manadas negras; ya mi lengua atrae
betún de muerte; y ya no se distrae
de mí, la espina; y sombras me devoran.

Pellejo muerto, el sol, se tumba al cabo
Como un perro girando sobre el rabo,
la tierra se echa a descansar, cansada.

Mano huesosa apaga los luceros:
Chirrían, pedregosos sus senderos,
con la pupila negra y descarnada.

Autor: Ricardo Guiraldes

Poema: “La Pampa”

Madre.
Horizonte.
Soledad.
Llanura franca al sol que sólo sabe de tu curva.
Tú que nos das el orgullo de creernos un centro,
cuna, sepulcro y sustento.
Creadora del gaucho afirmativo,
del caballo amigo de la distancia,
del puma escondido
y del chajá ascendente.
Pretexto de vagabundas ansias de partir sin meta.
Igualdad más invencible que las pendientes de la montaña
limitada y que el abrazo sombrío de las selvas aisladoras.
¡Tú que das resignación al pequeño,
empampado de infinito!

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