Raíces y resonancias de la poesía argentina

La poesía argentina es un entramado de voces que dialogan entre sí a través del tiempo. Cada poeta aporta una forma única de mirar el mundo, de nombrar lo cotidiano y de transformar la experiencia en palabra. En esa diversidad se construye una identidad literaria viva, en constante movimiento.

Autor: Olga Orozco

Poema: “Para hacer un talismán

Se necesita sólo tu corazón

hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.

Un corazón apenas, como un crisol de brasas para la idolatría.

Nada más que un indefenso corazón enamorado.

Déjalo a la intemperie,

donde la hierba aúlle sus endechas de nodriza loca

y no pueda dormir,

donde el viento y la lluvia dejen caer su látigo en un golpe de azul escalofrío

sin convertirlo en mármol y sin partirlo en dos,

donde la oscuridad abra sus madrigueras a todas las jaurías

y no logre olvidar.

Arrójalo después desde lo alto de su amor al hervidero de la bruma.

Ponlo luego a secar en el sordo regazo de la piedra,

y escarba, escarba en él con una aguja fría hasta arrancar el último grano de esperanza.

Deja que lo sofoquen las fiebres y la ortiga,

que lo sacuda el trote ritual de la alimaña,

que lo envuelva la injuria hecha con los jirones de sus antiguas glorias.

Y cuando un día un año lo aprisione con la garra de un siglo,

antes que sea tarde,

antes que se convierta en momia deslumbrante,

abre de par en par y una por una todas sus heridas:

que las exhiba al sol de la piedad, lo mismo que el mendigo,

que plaña su delirio en el desierto,

hasta que sólo el eco de un nombre crezca en él con la furia del hambre:

un incesante golpe de cuchara contra el plato vacío.

 

Si sobrevive aún,

si ha llegado hasta aquí hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios;

he ahí un talismán más inflexible que la ley,

más fuerte que las armas y el mal del enemigo.

Guárdalo en la vigilia de tu pecho igual que un centinela.

Pero vela con él.

Puede crecer en ti como la mordedura de la lepra;

puede ser tu verdugo.

¡El inocente monstruo, el insaciable comensal de tu muerte!

Autor: Julio Córtazar

Poema: “Después de las fiestas

Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.

Autor: Diana Bellessi

Poema: “He construido un jardín”

He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos
dejarse ir para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.

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