La literatura argentina construyó personajes, escenas y emociones que siguen dialogando con el presente. Cada libro abre una manera distinta de mirar lo cotidiano, lo político, lo íntimo y lo imposible.
Autor: Julio Cortazar
Poema: “Restitución”
Si de tu boca no sé más que la voz y de tus senos sólo el verde o el naranja de las blusas, cómo jactarme de tener de ti más que la gracia de una sombra que pasa sobre el agua. En la memoria llevo gestos, el mohín que tan feliz me hacía, y ese modo de quedarte en ti misma, con el curvo reposo de una imagen de marfil. No es gran cosa ese todo que me queda. Además opiniones, cóleras, teorías, nombres de hermanos y de hermanas, la dirección postal y telefónica, cinco fotografías, un perfume de pelo, una presión de manos pequeñitas donde nadie diría que se me esconde el mundo. Todo lo llevo sin esfuerzo, perdiéndolo de a poco. No inventaré la inútil mentira de la perpetuidad, mejor cruzar los puentes con las manos llenas de ti tirando a pedacitos mi recuerdo, dándolos a las palomas, a los fieles gorriones, que te coman entre cantos y bullas y aleteos.
Autor: Oliverio Girondo
Poema: “Solo”
Solo, con mi esqueleto, mi sombra, mis arterias, como un sapo en su cueva, asomado al verano, entre miles de insectos que saltan, retroceden, se atropellan, fallecen; en una delirante actividad sin rumbo, inútil, arbitraria, febril, idéntica a la fiebre que sufren las ciudades.
Solo, con la ventana abierta a las estrellas, entre árboles y muebles que ignoran mi existencia, sin deseos de irme, ni ganas de quedarme a vivir otras noches, aquí, o en otra parte, con el mismo esqueleto, y las mismas arterias, como un sapo en su cueva circundado de insectos.