Hay algo del invierno que nos empuja hacia adentro: la lluvia en la ventana, el silencio de la casa, la ternura que se agranda cuando afuera hace frío. En estos tres poemas la intimidad se vuelve refugio, y cada voz encuentra su manera de habitar el recogimiento.
Autor: Amelia Biagioni
Poema: “Lluvia”
Llueve porque te nombro y estoy triste, porque ando tu silencio recorriendo, y porque tanto mi esperanza insiste, que deshojada en agua voy muriendo. La lluvia es mi llamado que persiste y que afuera te aguarda, padeciendo, mientras por un camino que no existe como una despedida estás viniendo. La lluvia, fiel lamido, va a tu encuentro. La lluvia, perro gris que reconoce tu balada; la lluvia, mi recuerdo. Iré a estrechar tu ausencia lluvia adentro, a recibir tu olvido en largo roce: Que mi sangre no sepa que te pierdo.
Autor: Irene Gruss
Poema: “Movimiento”
Una mujer sola frente al mar es más majestuosa que él. Puede pasar una gaviota augurando la muerte o puede caer el sol humedeciendo las lonas de las carpas hasta apagarlas, pero una mujer frente al mar mece su soledad como una dueña y no se estremece. La luz del mar tiene la importancia y el movimiento de su ánimo, de su alma. El viento suena alrededor de la mujer y la despierta: ahora se trata de la playa sin luz, una mujer, el sol caído, el sonido del mar, carpas levantadas, el viento que lo da vuelta todo.
Autor: Jorge Boccanera
Poema: “Ella”
Viene despacio entra tropieza con mi tos con mi costumbre de dejar la nuca en cualquier parte viene despacio ordena mis silencios desata las palabras necesarias recibe la correspondencia de mis ojos viene despacio a tender sus manteles de ternura viene despacio apenas hecha humo para no despertarme se abre paso entre vasos arrojados al día retratos de mujeres noches de bronca y noches de ginebra viene despacio con su enchape celeste subiéndose a mis mástiles viene despacio entra se arrodilla al borde de mi alma y junta los fragmentos de mi risa después… se vuela azul como la tarde.