A veces la poesía argentina mira el mar y la meseta, y a veces mira un pasillo oscuro con la basura en la mano. Estas tres voces se mueven entre esos dos tamaños: el sonetista que llama al mar por su nombre, la que escribe un abrazo como si fuera eterno, el que descubre la muerte en una puerta que se cierra sola. Lo enorme y lo mínimo, en la misma respiración.
Autor: Ricardo E. Molinari
Poema: “Día de espacio enamorado…”
Día de espacio enamorado. Espada y nubes. Oh, mar mío presuroso: celeste entre paredes, nemoroso mar entreabierto. ¡Rama desvelada!
Luna y labio. ¡Ay, amor hundido -nada-, ya en tu horizonte helado, codicioso de muerte, de deseo fatigoso! Eterno mío, flor desesperada.
Borde distante; mi otra vida sola, perdida sin morir: huída quieta; no, pluma y tierra; mar, espuma, ola.
Sombra suelta, sirena adiós, oído. ¡El mar, el mar! Sí, el mar, mar meseta: solo con el amor, con el olvido.
Autor: Susana Thénon
Poema: “el abrazo el abrazo en la tarde…” (de La morada imposible)
el abrazo el abrazo en la tarde qué inmortal he sido y qué poco lastima el porvenir extranjero esta piedra sin descanso eras eterna todavía eras lo último y primero y nada y nada sino sol tu mirada mi ceguera sol para siempre ayer y anochecimos y el abrazo era el mar
Autor: Fabián Casas
Poema: “Sin llaves y a oscuras”
Era uno de esos días en que todo sale bien. Había limpiado la casa y escrito dos o tres poemas que me gustaban. No pedía más. Entonces salí al pasillo para tirar la basura y detrás de mí, por una correntada, la puerta se cerró. Quedé sin llaves y a oscuras sintiendo las voces de mis vecinos a través de sus puertas. Es transitorio, me dije; pero así también podría ser la muerte: un pasillo oscuro, una puerta cerrada con la llave adentro la basura en la mano.