Lo que florece en la orilla

La primavera argentina tiene muchas geografías: los jardines porteños al amanecer, las costas del Uruguay que se llenan de rocío y las sierras mendocinas donde las viñas vuelven a hincharse de verde. Reunimos tres voces clásicas que supieron mirar ese despertar con ojos de asombro, como quien ve florecer algo por primera vez.

Autor: Rafael Obligado

Poema: “Acuarela”

Es la mañana: nardos y rosas
mueve la brisa primaveral,
y en los jardines las mariposas
vuelan y pasan, vienen y van.

Una niñita madrugadora
va a juntar flores para mamá,
y es tan hermosa que hasta la aurora
vierte sobre ella más claridad.

Tras cada mata de clavelina,
de pensamientos y de arrayán,
gira su traje de muselina,
su sombrerito, su delantal.

Llena sus manos de lindas flores,
y cuando en ellas no caben más,
con su tesoro de mil colores
vuelve a los brazos de su mamá.

Mientras se aleja, como dos rosas
sus dos mejillas se ven brillar,
y la persiguen las mariposas
que en los jardines vienen y van.

Autor: Agustina Andrade

Poema: “Lágrima”

Del Uruguay a la orilla
en una noche de estío,
una rosada azucena
vi bordada de rocío.

Que ruborosa inclinaba
su cáliz hacia otra flor,
para dejarle una gota
de rocío temblador.

Ya la flor que había quemado
con su ardiente rayo el sol,
la halló alegre y sonriente
el vespertino arrebol.

Así en las almas que lloran,
tan tristes como esa flor,
suele descender un día
una lágrima de amor.

Y como despierta el ave
cuando ruge el aquilón,
despierta el alma dormida
temblando de inspiración.

Autor: Alfredo R. Bufano

Poema: “Primavera en la montaña”

Brillan las moreras y los carolinos,
se hinchan los sarmientos de las viñas prietas,
y hay en los caminos
y en las ríspidas sierras violetas
una oculta alegría pagana
que es oro en la tarde y oro en la mañana.

Cantan los senderos, cantan los pinares,
cantan los chañares y albaricoqueros,
y los durazneros y los olivares
y los azahares de los limoneros.

De limpios verdores se cubren las parras
del huerto querido. La siesta
ya afina su orquesta
de agudos zorzales y roncas chicharras.

Mi verso se viste de pámpano y pino;
se lleva a los labios su flauta de rama de higuera,
y se va por el pardo camino
danzando la danza de la primavera

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